En este mundo existen riesgos, Jesús habla de ellos en los Evangelios. Riesgo para uno mismo, riesgo para los demás al seguir a Jesús. Un tema algo sensible, pero que es interesante abordar.
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La muerte del misionero John Allen Chau en las Islas Sentinel, en 2018, suscitó una fuerte división en el mundo cristiano. Algunos lo aclamaban como un gran héroe de la fe, muerto como mártir, otros como un insensato egoísta, poniendo en peligro su vida y la de otros para satisfacer su ideal personal.
Cuando tocamos temas sensibles como este, las emociones pueden rápidamente apoderarse de nosotros, pero es importante preguntarnos de dónde provienen esas convicciones que nos hacen reaccionar.
Nuestra actitud ante el sufrimiento
La vida en la tierra conlleva riesgos. Desde una edad temprana aprendemos a evaluar estos riesgos y a tomar decisiones en consecuencia: conducir para hacer las compras implica riesgos, sin embargo, la mayoría de nosotros seguimos haciéndolo. La vida cristiana también conlleva todo tipo de peligros. En Juan 16:33, Jesús dice: «tendrán que sufrir en este mundo».
Esto es parte de la vida humana, no algo de lo que debamos huir a toda costa. Tampoco debemos estar en negación ante esta realidad, solo mirar hacia la eternidad como si las dificultades de este mundo no existieran o no tuvieran ningún impacto en nosotros. En este mundo conoceremos sufrimientos, es la consecuencia del pecado, pero también tenemos esperanza: Jesús ha vencido la muerte y el pecado y, por su sacrificio, podemos entrar en la plenitud de la vida.
La Biblia nos da múltiples ejemplos de respuestas ante situaciones de peligro. En algunos casos, las decisiones tomadas parecen más evidentes: por ejemplo, cuando una de las opciones va en contra de la ley de Dios. Pero más a menudo, las decisiones ante el peligro son mucho menos claras: huir, ¿es ser prudente (Mateo 10:23), o faltar a la fe como Pedro, cuando negó a Jesús? Pablo en su vida enfrentó numerosos peligros, y varias veces el peligro de muerte. A veces su respuesta fue huir (Hechos 9:23-25; 14:5-6), lo que le permitió continuar en su ministerio, otras veces avanzó sabiendo el costo que iba a pagar (Hechos 21:10-14). Jesús mismo, nuestro ejemplo supremo, en ocasiones evitó el peligro (Juan 8:59), pero también dio su vida. También vemos a veces una intervención milagrosa de Dios que libera del peligro (Hechos 12:5-10), pero también varios ejemplos donde Dios no intervino (Marcos 8:16-28; Hechos 7:55-58). Por lo tanto, vemos que no existe una respuesta única ante el peligro. Las dificultades, incluso la muerte, no son una demostración de que no estamos siguiendo el plan de Dios, así como la protección física y la riqueza no son sistemáticamente atribuidas a todos los que lo siguen de todo corazón.
La vida de todo cristiano
Preguntarse si los misioneros deben o no asumir riesgos es pasar por alto un elemento esencial de la vida de todo cristiano. Cuando respondimos al llamado de Jesús para seguirlo, también aceptamos llevar nuestra cruz (Mateo 16:24-25). No son solo los misioneros quienes están llamados a hacerlo, sino cada uno, en su caminar con Dios. La pregunta ya no se centra solo en los misioneros, sino en cada uno de nosotros: «¿estoy dispuesto a llevar mi cruz, aquí, donde Dios me ha colocado?». Los peligros pueden no ser los mismos, pero la voluntad debe ser la misma. Asimismo, todo cristiano está llamado a una vida de obediencia. ¿Estás llamado a partir? Parte. ¿Estás llamado a quedarte? Quédate. Ya sea para uno o para el otro, debemos buscar la voluntad de Dios y no simplemente vivir ‘una vida por defecto’.
¿Y qué hay de las promesas que Dios nos ha hecho? ¿No es fiel a sus promesas? ¿No cuida de sus ovejas? Por supuesto que sí. Pero a veces consideramos el confort físico como un tesoro mucho más grande que el que Dios quiere darnos, y pasamos por alto su bendición. Pablo, en sus cartas, habla mucho de la fidelidad y la provisión de Dios, sin embargo, él mismo pasó por sufrimientos físicos, por falta material. Es que la fidelidad de Dios va más allá de las cosas físicas. Sí, Dios provee para nuestras necesidades físicas, somos testigos de ello, pero Dios provee mucho más allá.
Entonces, ¿dónde está nuestro tesoro? ¿Estamos dispuestos a llevar nuestra cruz Y recibir la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento? No tengamos miedo: tendremos que sufrir en este mundo, pero Jesús ha vencido al mundo.
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